Descubre el primer relato de 'BESOS Y DÉSENCUENTROS'
Aquí les dejo el primer relato que abre las puertas de mi libro Besos y Desencuentros. Son historias que se deslizan entre emociones intensas, entre lo que se dijo y lo que quedó atrapado en el pecho, entre encuentros que prometen todo y despedidas que lo cambian todo.
Van a leerlo, sí, pero más que eso, van a sentirlo conmigo, en cada latido, en cada mirada, en cada instante que quema o acaricia.
Ojalá lo abracen, lo vivan y se queden un ratito dentro de sus páginas. Que lo disfruten. Mucho. 💕
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El hombre que salió del mar
Voy por este camino donde nace el maíz, donde cada paso parece despertar la tierra misma, y los ríos corren, entre las montañas como si fueran las venas de un mundo que guarda amores perdidos y promesas rotas, mientras las hojas de los árboles se agitan al compás de un viento que parece conocer los nombres de todos los que han cruzado este sendero.
Y luego, el mar. Infinito. Esperándome al final de todo.
Aquí, mi cuerpo se siente a gusto, recibiendo el abrazo frío de la arena que se cuela entre mis dedos, como un refugio, un descanso.
Las olas rompen suavemente, casi como si me estuvieran llamando, juguetonas, tocando mis pies con un toque frío, como si me dijeran: “No te preocupes, aquí estamos para recordarte que el verano está llegando”. Es una caricia salada y fugaz. Todo a mi alrededor suena a calma, a viento y agua.
Y entonces, lo veo.
Él.
Desnudo, saliendo del mar como si fuera su dueño, como una aparición, como un ser venido de las profundidades. Su piel brilla como si estuviera hecha de una mezcla de aceite de coco, agua y orgullo, y la luz del atardecer lo ilumina de manera dramática. Su cuerpo, fuerte y relajado, camina hacia mí con la calma de quien conoce todos los secretos del océano. Como si la naturaleza misma lo hubiera moldeado para este instante exacto.
No hay prisa en sus movimientos, solo la serenidad de quien sabe que el tiempo es solo una ilusión frente a la inmensidad de lo que nos rodea. ¿Es un dios? ¿Un espejismo del mar? ¿Una manifestación de mis deseos profundos?
Lo miro, intentando no parecer la típica persona que se derrite ante un espectáculo así, pero sus ojos.
Esos ojos.
Dos espejos del océano, profundos y cambiantes. Me sostienen la mirada con la certeza de quien ya sabe todo de mí.
Un suspiro escapa de mis labios sin permiso. La brisa parece electrizarse. El mar, él, yo, todo se funde en un solo latido.
Y por un instante, el tiempo no existe.
Solo quedamos nosotros.
El camino.
El mar.
La arena.
Hay almas que se cruzan y el universo aplaude.
Hay encuentros que desatan hechizos sin querer.
Y ahí estamos. Él y yo.
Reconociéndonos, como en mis sueños.


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