Curiosidades de Sabrosura de amor en Manhattan


Este libro es para quienes ya se han devorado las páginas de la serie Destino. Mentira, si no la han leído, pueden leer este sin problemas… aunque es mejor hacerlo porque así todo se entiende más claro y pueden captar cada detalle. Bueno, y con esto les pregunto: ¿recuerdan a Logan? Sí, el dramático, el intenso, el que nos rompió el corazón en Tu silencio mi dolor. Pues bien, este spin-off tiene que ver con su hermano menor, Derek Parker: un chef sibarita, libre como el viento, rockero de corazón y con bastante sentido del humor… pero también tan serio como un pulpo gourmet.


La historia arranca cuando Derek, con 20 años y en plena adolescencia emocional (porque madurar es relativo), conoce a Violeta. Ella tiene 17, es la compañera de clase de su novia. Ups. No es el mejor currículum para una historia de amor, lo sé. Pero aquí no hay caminos rectos, sino callejones con graffitis, curvas emocionales y mucha, mucha cocina.


Este libro fue mi manera de contar cómo las dudas y la inseguridad pueden hacerte un nudo del tamaño de un tamal mal envuelto. Derek, que siempre parecía tener todo bajo control, termina enredado en sus propios miedos. Por eso la historia se cuenta a lo largo de los años. Porque el amor, cuando es real, no se cocina a fuego rápido. Se deja marinar, se prueba, se quema, se arregla, y a veces hasta se sirve frío… pero siempre se recuerda.


Y aquí entra uno de mis personajes favoritos: Vicente Velazco. Abuelo de Violeta, mexicano de pura cepa y el verdadero alma del libro. Vicente es el tipo de abuelo que te da un consejo sabio mientras te sirve un buen tequila que te hace llorar de emoción (y de picor). Es tierno, sabio y un poquito entrometido, como todo buen abuelo literario debe ser.


También hay una pequeña aparición (guiño, guiño) de Kyril —sí, el misterioso griego de apellido impronunciable que desarrollé con mi esposo Rubén, y que pronto tendrá su propio libro junto a una faraona que puede o no puede estar atrapada en Nueva York… pero eso es material clasificado por ahora.


Y hablando de detalles divertidos: otro dato curioso… ¡la portada del libro la hice yo! Sí, sí, quise probar algo nuevo, agarrar el pincel digital y dejarme llevar. ¿Y saben qué? No me quedó tan mal (o al menos no tan pixelada como temía). Digo, no es tan elegante como las que me hace mi esposo —que tiene ese toque mágico que convierte una tapa en poema—, pero a él le encantó. Y como dicen: si el esposo artista aprueba, se imprime. Así que ahí la tienen, bien amarilla y sabrosona.


Volviendo a Sabrosura, al crear a Violeta, quise retratar a una chica que aún no se siente cómoda en su propia piel. Ella cree que no tiene el “cuerpo de mujer” que todos esperan, pero lo que realmente necesita es aprender a verse con cariño, sin prisas, sin comparaciones. El libro también es un recordatorio suave y delicioso de que debemos querernos como somos, seguir nuestros sueños sin pedir permiso… y que a veces el postre más sabroso llega después de la tormenta.


Y bueno, no cuento más porque luego te suelto todos los spoilers y no queremos eso. Solo te digo que esta historia tiene sazón, alma, y sí, mucho amor (aunque algo torpe al inicio). Como la buena cocina, necesita paciencia, valentía y el ingrediente secreto: confiar en que todo va a salir bien… aunque no sigas la receta al pie de la letra.


Te dejo el enlace del libro aquí: Sabrosura de amor en Manhattan


Derek

Violeta




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